Uno de los libreros más reconocidos del Centro Histórico pasa sus últimos días en nuestra ciudad. Increpó la falta de lectura entre los trujillanos.
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| Valenzuela: "Los libros son mi razón de vivir". (Foto: David León) |
Por David León
Hernán Valenzuela es un lector asiduo desde su infancia. Nació en la ciudad de Apurímac, tiene 58 años, dos hijos y conserva un local de venta de libros en el jirón Independencia de Trujillo. Su negocio o, mejor dicho, su sitio de letras, empezó a funcionar en el año 2004.
¿En qué momento despertó su amor por la lectura?
Desde que nací. Fui lector desde que salí del vientre de mi madre. En mis genes llevo la pasión por la lectura. Ya perdí la cuenta del número de libros que habré leído en mi vida. Soy lector de profesión.
¿Ejerce alguna profesión?
Yo no tengo ninguna profesión, pero, con lo que he leído, considero que tengo todas las profesiones. La universidad no hace al profesional, no te hará líder ni emprendedor, eso tiene que salir de uno mismo.
¿Cuánto tiempo tiene vendiendo libros en Trujillo?
Yo he recorrido todo el norte, centro y sur vendiendo libros. Desde hace doce años que estoy en la ciudad de Trujillo, pero tengo pensado volver a Lima y seguir con esto, que es mi pasión.
¿Usted realiza esta actividad solo?
Sí, porque contratar a un personal es difícil, pues, para poder vender libros, primero debes saber, al menos, qué es lo que estas vendiendo. En este rubro es mejor estar solo que acompañado.
¿Qué sentimiento tiene para con su librería?
Es mi pasión máxima. Estar en medio de una energía positiva de conocimientos es maravilloso. Me hace feliz.
¿Cuál ha sido el libro que ha marcado su vida?
Son varios. Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana de José Carlos Mariátegui, por ejemplo. Además, están José María Arguedas, Ciro Alegría y Vallejo.
Con respecto a la situación de la lectura en la ciudad, cuál es su opinión.
Los trujillanos leen poco. A ellos no les gusta mucho la lectura.
Con respecto a la situación de la lectura en la ciudad, cuál es su opinión.
Los trujillanos leen poco. A ellos no les gusta mucho la lectura.
Y en cuanto a la escritura, ¿considera que existen buenos escritores trujillanos?
Hay muchos escritores y poetas, pero creo que les falta aprender un poco más, siento que son apasionados, pero no poseen una educación adecuada para crear un libro o un poema. Siento que todo el mundo se cree escritor o poeta.
¿Y usted ha escrito algún libro?
He escrito varios libros, pero aún no me animo a publicarlos; tal vez lo haga cuando me retire de la venta de libros.
Tomando la problemática de la poca lectura en Trujillo, ¿qué piensa que se debe hacer para impulsar la lectura en Trujillo?
Aquí hay mucha gente mediocre, sobre todo los profesores. Hace poco vino un profesor de la UNT a mostrarme su último libro de cuentos publicado y me recomendó leer el primer texto para darle mi opinión. Yo, con solo leer el primer párrafo, me di cuenta de que había copiado un cuento de Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma. Había cambiado el título, pero el contenido era prácticamente el mismo. “Estás a un paso de irte al más allá. ¡Con qué moral puedes enseñar en la universidad!”, le increpé. Estas cosas no deben pasar.
Además, deberían existir centros, como en Lima, donde las personas se sientan, toman un café o unas cervezas y comparten ideas sobre la lectura. A ello se le debe sumar charlas y conferencias.
¿Cuál es el libro más antiguo que tiene en la librería?
Tenía una Biblia de 1700 años y la quise vender en 3200 soles, pero no me la quisieron comprar. Aquí en Trujillo ya no quieren adquirir libros antiguos. Después de tiempo lo vendí a un coleccionista y este lo revendió a un monto mucho mayor 7000 soles.
Y entre libros originales… hace un tiempo conseguí el libro original de García Márquez, Cien años de soledad, y autobiografiada. Solo existen 250 copias de esa edición; está hecha en papel cebolla. Me costó encontrar ese ejemplar, pero lo logré y luego lo vendí a un coleccionista.
Hay un letrero de “En venta” afuera de su librería. ¿Qué pasará con usted y los libros?
Ni bien se venda, me tendré que regresar a Lima y parte de mis libros los donaré a alguna entidad.
Siento pena, por una parte, tener que dejar Trujillo, ya que son doce años de estadía, pero, por otro lado, me siento feliz de ir a la capital, poder compartir y aportar los conocimientos adquiridos por los libros.

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